Willy Jetman: Astromonkey’s Revenge – Análisis (Switch)

El desarrollo de videojuegos en España está atravesando una buena época. Esto no es una impresión mía, son los números los que hablan. Se están publicando más juegos que nunca de estudios de nuestro país y, lo que es más importante, juegos de calidad y que aportan a la industria.

En plena etapa dorada aparece el estudio barcelonés Last Chicken Games, que han esperado a este primer mes de 2020 para debutar con el juego “Willy Jetman: Astromonkey’s Revenge” en Steam, Switch y PS4 de la mano de la distribuidora Badland publishing. Un estudio de tan solo 5 personas que se han embarcado en una aventura espacial pixel-art que encuentra su propia personalidad en un festín de homenajes a los videojuegos clásicos que han visto crecer a la generaciones que ya cuentan con más de treinta años.

El punto de partida de Willy Jetman: Astromonkey’s Revenge nos sitúa en el accidente de una nave espacial tripulada por un mono (Astromonkey). El choque es inevitable, la aeronave queda hecha añicos y sus restos quedan desperdigados en un planeta cualquiera. Aquí entra en juego Willy Jetman, que no es un cualquiera, sino un… recogedor de basura espacial. Vale, sí es un cualquiera. Nuestra misión es encontrar los restos de chatarra que ha dejado la nave y depositarlos en los puntos de reciclado que hay dispersos por el mundo. Todo esto gracias al jetpack de nuestro traje espacial y a nuestra querida nave, que no dejará de meterse con nosotros durante la misión. Desde este punto todo irá evolucionando hasta convertirnos en un héroe para la comunidad, futuro que nos dejan claro al principio del juego. La historia está escrita con mucho humor, sin tomarse en serio en ningún momento y a través de un personaje de actitud perdedora y vaga que se convierte en héroe por accidente. Sin ser nada profunda es un buen inicio para el tipo del juego al que nos vamos a enfrentar, le cogeremos cariño al personaje desde el principio y las conversaciones con el resto de habitantes que nos encontramos nos sacarán alguna que otra sonrisa.

Una vez sabemos nuestra misión, el juego nos suelta con nuestro jetpack y una pistola estándar en unos escenarios muy verticales. En este sentido me ha recordado mucho a otro juego indie llamado Owlboy. Tendremos que recorrer los escenarios desplazandonos de izquierda a derecha y desde el suelo hasta las alturas para recoger todos los restos de la nave y descubrir secretos. En medio de todo este reciclaje vamos a enfrentarnos a enemigos de varias clases: voladores, saltarines, acuáticos, eléctricos…. Para eso era la pistola. Porque Willy Jetman no es un juego fácil, y lo normal es que muramos en múltiples ocasiones debido más a la cantidad de enemigos que a su dureza. La sensación de progresión va a ser continua a través de varios puntos de guardado/tienda que nos encontraremos en cada fase. En estos puntos podremos guardar la partida, al mismo tiempo que recuperamos nuestra vida al 100%, y adquirir mejoras para las armas que hayamos desbloqueado en la tienda. Estas evoluciones tienen un precio, que se paga con unos minerales que sueltan los enemigos al ser abatidos. Esto hace que no nos desplacemos por el escenario esquivando a los enemigos, sino que queramos matarlos para conseguir sus recursos.

La cantidad de armas desbloqueables es numerosa, y de muchos tipos. Tendremos laser, de dispersión, lanzaminas, escudos, torpedos…. Todas ellas hacen más daño a un tipo de enemigo determinado, pudiendo equipar dos de ellas a la vez. Es un gusto ir probando y mejorando cada una de ellas. Hacernos con el control y las distancias de una determinada arma resultará muy útil para superar determinadas zonas. A la vez, trazaremos una estrategia de viaje evolucionando el arma que más se adapte a nuestro tipo de juego, ya que lo normal es que no recolectemos minerales suficientes para mejorar todas las armas en una primera pasada. Pero la joya de lo corona en cuanto a la jugabilidad va a ser el jetpack. El vuelo está perfectamente medido para que podamos recorrer los escenarios, pero no tengamos la movilidad de un pájaro. Al propulsarnos tardaremos un rato en despegar, y al soltar el botón willy tendrá una inercia que le impedirá frenar en seco. Hacernos con el control nos puede costar un poquito, pero es de los más divertido del juego. También tendrá su evolución el jetpack, aunque no a través de monedas, sino mediante unos potenciadores de la propulsión que encontraremos por los escenarios o mediante las subidas de nivel de Willy. Estas se hacen al acumular puntos de experiencia y mejoran nuestra vida y los segundos que podemos propulsarnos.

El placer que da volar por el escenario reside en lo bien trabajadas que están las físicas en este juego. Que no os engañe su aspecto ochentero, todos los elementos del escenario tienen un peso y reaccionan a la gravedad de una forma realista. Cuando caen los minerales al derrotar un enemigo, estos tendrán una caída libre hasta tocar suelo, y muchos los perderemos si no estamos atentos. Igual ocurrirá con nosotros si se nos acaba la energía del jetpack. No hay daño de caída pero la pérdida de control será total.

Hemos dicho al principio que el juego encontraba su personalidad, que ya hemos visto que la tiene, en una sucesión de homenajes a los juegos clásicos. Las referencias las tenemos por supuesto en las armas y el propio estilo gráfico del título, pero las que nos harán enarcar las cejas son las que encontramos en las mecánicas para derrotar a ciertos enemigos. Donkey Kong, el pong o el propio Zelda tendrán su guiño en el juego, con humor y con el gusto de gente que admira esos productos. A pesar de esos guiños los jefes finales es verdad que podrían haber tenido algo más de variedad, si tenemos en cuenta la decisión de repetir varias veces uno de ellos.

En el apartado gráfico el juego está a un alto nivel de pixel-art. Cielos estrellados espectaculares y buen diseño de escenarios y enemigos. Pese a recorrer por el camino zonas terrestres, acuáticas y subterráneas es verdad que me hubiera gustado una mayor variedad de escenarios, con otra paleta de colores y texturas. Es bueno que me haya quedado con ganas de más porque eso significa que me ha agradado el trabajo de arte 

Willy Jetman: Astromonkey’s Revenge es la primera sorpresa indie de este 2020, con el aliciente de que es una propuesta española y además de un estudio novato. El recorrido sin prisas nos puede tomar unas 7-8 horas, que se alargarán si queremos encontrar todos los ídolos coleccionables y mejorar nuestro equipo. Lo hemos jugado en switch y se comporta genial tanto en portátil como en sobremesa, sin un fallo técnico que achacar. Desde luego merece la pena incluso de salida por su precio tan ajustado (15€). Espero ver a los chicos de Last chicken games coger propulsión y que nos brinden más proyectos hechos con tanto cariño y gusto como Willy Jetman.

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