Ori and The Will of the Wisps – Análisis

Cuando un juego maravilla a tanta gente por igual, es porque tiene algo especial. La crítica fue unánime en 2015 con Ori and The Blind Forest, un metroidvania que era el primer trabajo de la compañía Moon Studios y que salió en exclusiva para Xbox One y PC. Tras un largo desarrollo y varios retrasos, este mes nos ha llegado su secuela, Ori and The Will of the Wisps. ¿Habrán logrado reinventarse y hacer un juego pionero del género como lo fue su primera parte?

La historia continúa… o se reinicia

Los primeros minutos del juego son simples pero emotivos. La primera entrega ya seguía esa estela de cortometrajes de animación mudos con mucho impacto visual y sonoro, y si algo funciona para qué vas a cambiarlo. La historia nos presenta a todos en familia cuidando a Ku, la cría del búho Kuro que salvamos en la primera entrega en el bosque de Nibel. Nos enamoramos del animal desde el primer minuto, con su indisposición a volar por tener un ala rota. Pero a grandes problemas grandes soluciones, y sus amigos la ‘arreglan’ con la pluma que conservaban de su madre. En uno de sus intentos de controlar el vuelo, sufre un accidente junto con nuestro/a protagonista Ori y caen en puntos distintos del bosque de Niwel. Aquí empieza la historia y ahora tenemos la misión de reencontrarnos y juntarnos de nuevo con nuestros amigos.

Estos son los primeros 5 minutos del juego. Yo soy de la opinión siempre que un juego tiene que empezar la historia en un punto álgido, no es la misma narrativa que una película o un libro. Ori and The Will of the Wisps lo hace y eso contribuye a que tengamos un objetivo desde el principio y nos enganche. La historia de Ori con este trágico suceso continúa… o se reinicia, ya que argumentalmente han sido un poco torpes a la hora de justificar que el protagonista pierde todos los poderes que había adquirido en su primera aventura. Entiendo que es necesario para que este juego resulte divertido y nos vayamos encontrando cosas nuevas cada poco tiempo, pero lo podrían haber integrado mejor.

Tantas habilidades como estilos de juego

La curva de aprendizaje de habilidades del juego puede llegar a ser abrumadora, pero nos vamos haciendo a ellas y eligiendo las que más se adaptan a nuestra forma de jugar. Tenemos las habilidades principales, que conseguimos al absorber la luz de los árboles que hay dispersos por el bosque de Niwel y que son esenciales para continuar la historia principal. Entre estas están, por ejemplo, el doble salto, el dash hacia delante o la habilidad para impulsarse entre algunas de las plantas que hay en el escenario para llegar a lugares en altitud. Se nos otorgan en momentos clave de la historia y son imprescindibles, como en la primera entrega. La novedad llega con otros dos tipos de habilidades: los orbes y las armas de ataque. El sistema de orbes funciona igual que en Hollow Knight (de hecho se han fijado mucho en este genial indie), tenemos varios huecos y elegimos los que queremos equipar en cualquier momento entrando al menú: pegarse a las paredes, hacer más daño, tener un punto de vida extra… Complementos que van a hacer nuestro recorrido por Niwel más llevadero, pero que no son imprescindibles. Además algunos de ellos son mejorables y, además de encontrarlos por el escenario, los podremos comprar a algunos comerciantes dispersos en Niwel. Las armas son otra inclusión acertada en la secuela. Al primero se le criticaba la falta de profundidad en los combates, que se limitaban a machacar el botón X mientras un haz de luz atacaba a nuestros enemigos. Ahora disponemos de tres botones a los que asignarles ataques (X, Y, B), los cuales pueden ser una espada, una lanza, un arco, un aura de luz que daña al enemigo… Casi todas las vamos a encontrar investigando en el inmenso escenario, aunque algunas, como el arco, sí que van a ser esenciales para avanzar. La profundidad que gana el juego con estos añadidos es inmensa y Ori ha ganado mucho en movimientos de animación para hacer el combate más dinámico y divertido. El juego puede cambiar radicalmente si lo rejugamos obligándonos a usar otro tipo de habilidades. Todo un acierto.

Un bosque del que queremos salir, pero a la vez no

Ori and The Will of the Wisps cumple ese manido eslogan que solían usar todas las segundas partes hace años de ‘¡Más grande, más largo, más divertido y con más armas!’. Y es verdad, nos hace sentir en el mismo juego, en el mismo mundo que ya conocíamos de la primera entrega, dándonos prácticamente más de todo. El mapa es quizá uno de los aspectos en los que más se nota el trabajo de Moon Studios por ser más ambiciosos. Salimos de esos escenarios oscuros de The Blind Forest y nos adentramos en una variedad de ambientes, luminosos algunos, lúgubres otros, cada uno con su vegetación, sus habitantes y sus enemigos. Además la extensión del mapa es muy superior. Aquí existe otro punto de conexión con Hollow Knight: el cartógrafo. Parece casi un homenaje, porque encontramos a un personaje parecido que nos vende los mapas de cada nuevo terreno que descubrimos, para que exploremos todo y no nos dejemos nada sin recoger. El mapa te marca los puntos de mayor interés, como bancos de luz o fragmentos de vida y energía. Me hubiera gustado que esto fuera seleccionable por el jugador, para aquellos a los que les gusta descubrir los secretos del mapa por sí mismos. La historia nos va a llevar de un punto al otro del mapa, dejando a nuestra elección recorrer determinadas zonas. Al final nos encontraremos con un precioso e intrincado mapa interconectado que querremos descubrir a fondo.

Si podemos ayudar por el camino, mejor

Durante nuestro viaje por Niwel nos vamos a encontrar a varios personajes secundarios, entre ellos los Moki, una especie que se ha visto afectada por la oscuridad que se ha apoderado del bosque, y a los que podremos ayudar. Las misiones secundarias consisten principalmente en encontrar determinados objetos en el escenario que son de utilidad para algunos habitantes. También habrá quien nos de algo para llevarlo a otro punto, o podremos recolectar piedras gorlek para reconstruir casas o mejorar el bosque con la ayuda de cierto personaje. No podían faltar tampoco las pruebas contrarreloj que alargan la experiencia, y con las que podemos obtener buenas recompensas, y unos santuarios que nos enfrentarán contra oleadas de enemigos y que son muy divertidas. Nada novedoso, pero la incursión de misiones secundarias y pruebas es siempre bienvenida, nos hace conocer más a los habitantes del bosque y sus historias. No nos vamos a tirar muchas horas haciéndolas, y nuestro objetivo va a ser siempre la historia principal, pero sí nos darán algo de diversidad.

Entre misión principal y secundaria nos encontraremos, como no, con jefes finales. Todas las batallas contra ellos son espectaculares, con las ya famosas persecuciones que nos pusieron en más de un aprieto en la primera parte y que ahora se repiten. Son los momentos más espectaculares y, a la vez, más difíciles que nos va a plantear el juego. Ori and The Will of the Wisps no es para nada un juego difícil. Su dificultad en modo normal (la dificultad con la cual el juego ha sido diseñado) no es alta, y lo hace bastante asequible para jugadores experimentados. Mi sensación personal es que la variedad de habilidades que lo hacen tan profundo, también reducen su dificultad con respecto a la primera parte.

Un nivel artístico sublime, con problemas en las consolas más modestas

Como ya habréis podido observar en vídeos y capturas, el juego es precioso. No es el salto más brutal que se ha visto gráficamente de una parte a otra en una saga, pero no le hace falta. El primero era tan bonito, que con las mejoras de iluminación, la variedad y lo frondoso de los escenarios y el buen gusto con el que están diseñados todos los personajes, basta y sobra para ser catalogado uno de los juegos más artísticamente bonitos que podemos encontrar en el panorama del videojuego hoy en día. Quiero mencionar especialmente la mejora en las zonas de agua. Es un gusto nadar en este juego y descubrir las profundidades, algo que resulta irritante en determinados títulos de plataformas.

La música raya el mismo nivel de excelencia, o superior. Es imposible separar el bosque de su música, con esas notas que componen un leitmotiv presente en todo el juego, con énfasis en los momentos más emotivos, que hay unos cuantos. Una de esas bandas sonoras para guardar en nuestra lista de favoritos y ponerla de fondo de vez en cuando mientras realizamos nuestras tareas diarias.

El apartado técnico tiene un pero, inevitable de comentar, para los jugadores que hemos disfrutado el juego en Xbox One S, que serán muchos dado el éxito que tuvo esta versión de la consola en el último Black Friday. El juego sufre parones más o menos frecuentes, sobre todo cuando se activa el guardado automático, problemas en el sonido por momentos, cargas tardías del mapa e incluso he experimentado algún cierre inesperado. Algunos de estos problemas se han vuelto menos frecuentes con la actualización del juego vía parches, pero siguen presentes por lo menos en esta consola, que recordemos que es sustancialmente menos potente que una Xbox One X o un ordenador de gama media-alta. Esperemos que sea un problema que se solucione en las primeras semanas, porque es un obligatorio del catálogo de Xbox, y el hecho de que esté de salida en Xbox Game pass va a hacer que muchos suscriptores le echen el guante en cuanto puedan.

Los exclusivos que necesita Microsoft

Así sí. Además de las alegrías del catálogo del Game Pass con juegos de terceros, la empresa americana necesitaba un gran exclusivo que nos diera confianza de cara a la próxima generación, viendo que las decisiones correctas que se han ido tomando en la segunda mitad de la generación están dando sus frutos. Mientras jugaba, pensaba que Ori and The Will of the Wisps es el major juego de Nintendo que vamos a poder jugar este año, pero en Microsoft. Tiene todo lo que ha hecho grande durante tantos años a los juegos de la compañía japonesa, y se notan sus referentes. Con la asignatura pendiente de solucionar los problemas técnicos en las máquinas menos potentes, la segunda parte de la saga no ha decepcionado y firma dos juegos sobresalientes que la colocan como una de las mejores de su género.

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