Análisis Pillars of Eternity II: Deadfire Ultimate Edition (Xbox One)

Hay juegos que nos marcan de por vida, títulos que por su trasfondo, mecánicas o jugabilidad entran en lo más hondo de nuestro ser de una forma que nos es difícil explicar, probablemente este sea el caso de muchos jugadores que hace ya alrededor de 20 años vieron como títulos como Icewind Dale, Baldur’s Gate y más recientemente Neverwinter Nights coparon sus horas de juego en PC llenando sus pantallas de textos e imágenes que los transportaban a esos mundos de aventura y fantasía que, con muy poco, conseguían tanto.

Sin embargo, los tiempos cambiaron, los hitos en lo técnico en el mundo de los videojuegos aparcaron aquellos textos que nos hacían soñar para hacernos despertar ojipláticos ante el poder y músculo técnico de juegos como Dragon Age o Mass Effect. El rol clásico occidental parecía haber muerto, ya no se hacían juegos así. Afortunadamente, algunos estudios consiguieron mantenerse firmes en esta propuesta, apostar por la narración, por una buena historia y por un sistema de rol clásico occidental que, fuera de los nichos, creyera en sus fórmulas más clásicas.

Iniciativas como Kickstarter o Patreon han servido para mantener vivos géneros como este o incluso las aventuras gráficas tradicionales, gracias al primero recibimos Pillars Of Eternity, un juego modesto en el que Obsidian y Paradox pusieron a trabajar a talentos como Chris Avellon o Josh Sawyer que conocían perfectamente que se traían entre manos y el resultado fue todo un éxito.

Con esta premisa, la aparición de una secuela era solo cuestión de tiempo, y de dinero, claro está. Así que Obsidian no dudó en volver a recurrir al crowdfounding, consiguiendo cuatro veces la cantidad de 1,1 millones de dólares que se habían propuesto para arrancar Pillars of Eternity II. De esta manera, Deadfire llegaba el 8 de Mayo de 2018 a PC alargando su salida a consolas durante un año y ocho meses para por fin, hoy 28 de enero llegar con su edición definitiva a Xbox One y PS4.

Obviamente, Pillars of Eternity 2: Deadfire es una apuesta por el rol más clásico, donde la narrativa a la antigua usanza y los largo textos forman parte del ADN de un juego que, como su propio nombre indica, es una secuela directa de su predecesor. Por lo que jugar a a primera entrega es algo más que recomendable si se quiere poder seguir el desarrollo del juego de forma fluida.

Si por el contrario, Deadfire es vuestro primer acercamiento de al mundo de Eora, Pillars of Eternity II: Deadfire hace bien el trabajo de resumir y contar de forma inteligible los sucesos del primer juego, situándonos de forma adecuada a la hora de afrontar la aventura en los sucesos del pasado. Si lo preferimos podemos, incluso, seleccionar cuales son nuestras elecciones en los momentos cruciales del primer juego para así marcar el rumbo de esta nueva aventura a nuestro gusto.

Además, el juego cuenta con un amplio códice que nos servirá para adentrarnos en el mundo de Pillars of Eternity, conocer todo su trasfondo y terminología. Un trasfondo y profundidad en su mundo que se ve incrementada de forma exponencial en esta entrega, toda una apuesta por las bases que dieron luz a su éxito con el primer juego.

Dentro de este enorme mundo que Obsidian ha creado con tanto mimo, en este Pillars of Eternity II: Deadfire, un antiguo dios que ha tomado la forma de una enorme estatua se encuentra asolando las costas de la Llama Extendida, embarcados en nuestro navíos, nos enrolaremos a la caza y captura de esta deidad por todas las islas que conforman esta vasta región. El viaje que Deadfire nos ofrece es uno de los que no podemos bajarnos desde el mismo momento que comenzamos en él, con una historia atractiva, cargada de ritmo, buenas conversaciones y repleta de personajes tan trabajados como profundos.

Pero si algo destaca de Deadfire son sus decisiones, por difíciles, el juego nos va a obligar a tomar algunos caminos que tendremos que meditar en profundidad y que van a a tener su reflejo más tarde o más temprano en el devenir de nuestra partida. Resulta muy agradable comprobar como una misma situación se puede resolver de muchas formas distintas en Deadfire y no todas ellas por el uso de la violencia. Un exhibición de buen hacer en lo que a la escritura del juego se refiere y que no difiere en mucho de una gran novela.

Obviamente, nuestros actos previos, estadísticas y destrezas van a marcar nuestras limitaciones a la hora de poder tomar uno u otro camino dejándonos con la tentadora idea de darle una nueva pasada al juego con otra “build” para comprobar todas sus vertientes.

Fuera de su bien trabajada narrativa, Deadfire respeta la perspectiva cenital de los clásicos del género a los que emula, con un arco narrativo principal, no van a faltar multitud de misiones secundarias en las que embarcarnos, mazmorras que explorar, trampas que salvar y puzzles que resolver mientras vamos reclutando a nuestro variopinto grupo que nos acompañará en la aventura, en esta ocasión con un miembro menos que en su primera entrega, pudiendo reclutar hasta un grupo de 5 con los que descubrir la costa de Llama Extinguida así como a sus pintorescos habitantes.

Cuando el diálogo falla, llega el combate. En este apartado Deadfire no sufre demasiadas innovaciones con respecto a su predecesor y a los juegos del género. Podemos seguir pausando la partida siempre que nos convenga para planificar nuestro siguiente ataque y estrategia. Estrategia que, sobra comentarlo, es fundamental para llegar a buen puerto en nuestros enfrentamientos.

En este apartado Deadfire se ve beneficiado de la natural evolución de la saga, teniendo muchas más opciones en la gestión de nuestro grupo y de las tácticas que llevan a cabo. Probablemente, lo que más destaque en este apartado sea la inclusión del sistema de multiclases. Expandiendo así la cantidad de habilidades que nuestro personaje puede aprender optando por una doble vía, pero, escoger este camino nos penalizará de forma que no podremos explotar al máximo ninguna de las dos que seleccionemos en cuestión. Sin embargo, este sistema nos da una mayor versatilidad de tácticas y combates y compensa la reducción del número de integrantes de nuestro grupo.

Esta arriesgada decisión también influye en la forma en la que gestionamos la partida a nuestro grupo, Deadfire es un juego que se centra más en la acción, resultando en batallas mejor integradas e intensas de las que viéramos en el primer Pillars of Eternity. Lo mismo ocurre con nuestro nivel, en esta segunda entrega se ve aumentado hasta 20, apostando por una profundidad mucho mayor en lo que a progresión y aprendizaje de habilidades de nuestro personaje se refiere.

La mejora en los combates no es sólo consecuencia de la gestión de nuestro grupo y el aumento de los niveles, en Pillars of Eternity II: Deadfire, la IA enemiga ha visto muy mejoradas sus capacidades y tácticas y será capaz de sorprender al jugador en más de una ocasión. Pero por fortuna, lo mismo ha ocurrido con la IA aliada, más inteligente no solamente a la hora de desplazarse por los distintos escenarios, sino que también agrega nuevas tácticas y configuraciones con las que ajustar su funcionamiento a nuestras necesidades.

Como he mencionado anteriormente, en Deadfire nos encontramos ante una zona plagada de costas e islas, por lo que nuestro barco se va a tornar en un compañero imprescindible en esta aventura que nos permite, gracias a la libertad de acción con este, desplazarnos y explorar la islas de la Llama Extinguida a nuestro gusto, en un mapeado que se siente enorme y muy apetecible de descubrir hasta su último rincón.

Obviamente, Obsidian no ha desaprovechado el barco para introducir un sistema de gestión paralelo durante el juego en el que tendremos que ir contratando distintos miembros para nuestra tripulación, realizar mejoras y gestionar el estado de ánimo de nuestra tripulación. En este punto destaca la aparición de eventos aleatorios que consiguen mantenernos bien atentos a la moral de nuestra tripulación a los que tendremos que prestar atención de cara a mantener la salud y la moral de nuestros marineros.

Pero no todo puede ser perfecto, y precisamente en el momento en el que el barco entra en combate es lo que más dudas despierta. Conviene aclarar que no todos los barcos con los que nos encontremos serán hostiles, pero lo cierto es que seremos atacados y atacaremos. Cuando esto pasa, el juego abandona de improviso toda la buena apuesta por la acción directa que hacía en el combate tradicional. Toda la acción y los avatares de esta se muestran mediante texto en pantalla y con una gran cantidad de factores que han de ser tenidos en cuenta. Lamentablemente, este tipo de enfrentamiento se torna tedioso en algunos momentos, de modo que será preferible evitarlos.

En cuánto a su funcionamiento en consola, Pillar of Eternity II: Deadfire consigue implementar de forma correcta los controles dentro de las limitaciones que tiene el mando, no solo de Xbox One, sino de cualquier consola en este tipo de juegos. Además, en esta Ultimate Edition el juego llega con todo el contenido al completo, lo que suma a la aventura principal los tres DLC mayores que ha visto el juego como Beast of Winter, Seekeer, Slayer, Suvivor y The Forgotten Sanctum. Algo que eleva la duración del título a más de 60 horas y que es, sin duda, un enorme añadido para los amantes del género.

En el apartado artístico destaca sobremanera el diseño de bestias y escenarios así como de todos los dibujos que encontramos a lo largo de la aventura y que derrochan calidad y pasión a partes iguales. Diseñado en dos dimensiones para los escenarios con personajes en tres, el juego es todo un espectáculo de luz y color cuando los disparos y hechizos se aglutinan en pantalla.

En lo sonoro, las composiciones no destacan especialmente, aunque se aprecia el trabajo orquestal que se ha realizado en ellas si bien acompañan al juego de manera ambiental. Resulta reseñable que le juego cuenta con treinta minutos de salomas grabadas para los momentos en el que vamos en el barco y que recuerdan en cierta forma al trabajo llevado a cabo en Assassin’s Creed: Black Flag.

El juego cuenta con voces interpretadas por el equipo de Critical Role para todas las líneas de diálogo del juego, algo que es, una auténtica barbaridad si tenemos en cuenta la cantidad de contenido en este sentido que Deadfire y sus expansiones nos ofrecen. Estas interpretaciones llegan, por supuesto, en inglés, si bien el juego cuenta con una correcta traducción al castellano a la que habrá que perdonarle algún fallo esporádico, que no molesta en absoluto.

En defintiva, Pillars of Eternity II: Deadfire Ultimate Edition es todo lo que Pillars of Eternity fue en su momento pero ampliado y mejorado en todas sus facetas. El sistema multiclase, el barco y la reducción del número de miembros del equipo así como el aumento de nivel son añadidos que expanden la experiencia y dan aires nuevos a un género que ha demostrado que no envejece ni un ápice. La conversión a consola sufre de los problemas inherentes al género si bien resulta cómoda de jugar y todo lo el contenido añadido durante el último año expande la experiencia unas cuantas y agradables horas más.

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