Análisis Dragon Ball Z: Kakarot (PS4)

El pasado 17 de enero llegó a PC, Xbox One y PS4 la enésima entrega de un videojuego que explota el manga-anime creado por Akira Toriyama en 1984. Las aventuras de Son Goku y sus compañeros han visto como una gran cantidad de productos de entretenimiento han sabido aprovechar el tirón de un producto que, para los que contamos con más de treinta años fue, es y seguirá siendo en muchos casos la serie de animación que marcó nuestras infancias y por lo tanto, nuestras vidas.

En esta ocasión Bandai Namco vuelve a ser quien distribuye la licencia a la que se mantiene unida desde incontables años, y para el desarrollo de Dragon Ball Z: Kakarot se ha confiado en el equipo de CyberConnect2, un estudio propio de la empresa japonesa que viene, desde hace años, haciendo un trabajo sobresaliente con la saga Naruto.

A diferencia de muchos de los títulos de videojuegos inspirados en la franquicia de Dragon Ball, este no es un juego de lucha al uso, estamos ante un RPG clásico que recoge los acontecimientos ocurridos desde la llegada de Raditz a la Tierra hasta el fin del monstruo Bu y un poco más allá.

Realmente, este es un análisis con spoilers, porque a día de hoy la historia que Dragon Ball Z: Kakarot nos cuenta es de sobra conocida para todos. Entonces, ¿qué atractivo tiene volver a recorrer una historia ya conocida?. Pues precisamente a un atractivo poco analizable y tan subjetivo como la nostalgia, ya apeló este juego en su campaña promocional poniéndonos un tráiler con la intro de la serie, la cual aprovecha también el juego, para apuntar directamente a nuestros corazones. El principal atractivo de Kakarot es el de poder revivir todos los sucesos del manga-anime de una forma brillante y bien contada como lo hace este RPG. 

Realmente, en las más de 45 horas que se tarda en llegar al final de la historia principal, si se elige hacer todas las secundarias por el camino, nos damos cuenta de que este videojuego es la forma perfecta para revivir y refrescar de una tacada todos aquellos intensos combates que nos reunieron alrededor de la pantalla de las televisiones autonómicas en los noventa, y más tarde en Antena 3 durante las mañanas de verano, cuando, en compañía de nuestros amigos asistíamos tan atónitos como expectantes a cada uno de los maravillosos enfrentamientos a los que estos guerreros del espacio hacían frente por espacio de 20 minutos en cada capítulo.

Para contarnos estos sucesos de sobra conocidos, el juego apuesta por una narrativa directa, el uso de largas cinemáticas es recurrente en los momentos que el juego lo requiere, y realmente se agradece que no hayan intentado hacer ninguna cosa rara en este aspecto, en estas cinemáticas que tienen lugar entre los combates y misiones secundarias tenemos la oportunidad de soltar el mando y asistir, una vez más al espectáculo que era la serie pero esta vez en alta definición. Durante las misiones también asistimos a algunas conversaciones, que, según su importancia tendrán sus diálogos hablados o se limitarán a mostrarnos un texto en pantalla acompañado de distintas onomatopeyas cruzadas entre los personajes. 

Pero Dragon Ball Z no es el principio de esta serie, llamada en origen Dragon Ball a secas, y el juego no lo olvida, y como recuerdo de la etapa de niñez de Son Goku, Bulma, Yamcha y sus correrías el juego nos deja, a forma de coleccionables algunas ilustraciones de la saga original con las que esbozamos una sonrisa y nos ponemos a buscar en Amazon donde diablos podemos conseguir esa serie para poder volverla a ver.

Como he comentado hace unos instantes Kakarot es un RPG, un RPG de mundo abierto donde tomaremos el papel no solamente de Son Goku, sino también de Son Gohan, Goten, Piccolo, Vegeta y todos los guerreros Z que formaron parte de este variopinto grupo que, con los años, vio como sus enemigos se convirtieron en aliados, los aliados en amigos y los amigos, en familia.

Al dar vida a cada uno de estos personajes contamos para cada uno de ellos con sus propias estadísticas y árboles de habilidades. Sin embargo, hay que aclarar aquí que Kakarot es un tramposo obligado en esto. Obviamente el juego se ve forzado a contarnos los sucesos del manga, esto hace que, en muchos casos, algunos personajes no respondan a una subida de nivel al uso. Así por ejemplo, personajes como Vegeta o Goku se plantarán casi por “necesidades del guión” en el nivel 70 sin que el jugador tenga que concentrarse en su desarrollo.

Realmente estamos ante un sistema de subida de niveles y mejora ficticio, la propia historia del juego va a determinar qué personajes van a ir más o menos lejos en la mejora de sus estadísticas, no pudiendo el jugador, en ningún caso alterar el curso de los acontecimientos. Es decir, no podremos derrotar a Célula con un Yamcha hipervitaminado al que hayamos desarrollado por nuestra cuenta. La historia y sus acontecimientos dictan de forma firme el progreso de los once personajes que podemos llegar a manejar en Dragon Ball Z: Kakarot.

A pesar de que la subida de niveles sea algo ficticia en relación a otros juegos de rol si que hay cierto margen para que el jugador pueda ejercer su influencia en la mejora de los personajes. Realizar misiones secundarias o entrenamientos van a ser un instrumento útil para ganar algún nivel extra en el primer caso y nuevas habilidades en el segundo. Porque nuestros Guerreros Z cuentan con amplios árboles de habilidades en cuanto a lo que sus superataques se refiere, el juego no se inventa nada que no viéramos en la serie en este sentido. Sin embargo, sí que aprovecha al máximo cada uno de ellos para darles distintos niveles de profundidad y mejoras que van a poder conseguirse gracias al uso de los orbes Z los cuales, vamos consiguiendo a lo largo nuestra exploración del mundo abierto y como recompensa por nuestros combates. Estos orbes Z están agrupados en seis tipos distintos y cada una de las habilidades que queramos desbloquear van a tener un coste de estos orbes que, si bien en un principio puede parecer que escasean, al poco que vayamos combatiendo y progresando en el juego nos vamos a olvidar hasta de qué están ahí.

Pero, como decía el entrenamiento también juega un papel fundamental en el progreso de nuestros personajes, algunas habilidades solo van a poder ser desbloqueadas si ejecutamos un entrenamiento específico. En este sentido el juego ofrece distintas variantes, la más común será la proyección mental en la que tendremos que combatir contra proyecciones de enemigos pasados e incluso de nosotros mismos de forma individual o contra grupos, si sobrevivimos al enfrentamiento, conseguiremos desbloquear la habilidad en cuestión. Además, de esta modalidad contamos con la sala de gravedad de la Corporación Cápsula, donde podremos entrenar habilidades secretas a las que solo podremos acceder si mejoramos las instalaciones lo suficiente, haciendo esto a través de la recolección de recursos. A este sistema de entrenamiento se le hubiera agradecido algo más de profundidad más allá de acabar con nuestros enemigos, quizás obligarnos a ejecutar el ataque que estamos entrenando hubiera sido un mínimo de agradecer.

Todas estas habilidades que vamos a ir consiguiendo se pueden equipar en la paleta de superataques hasta un total de cuatro para utilizar de forma activa durante el combate, puesto que, de forma pasiva actuarán los conocimientos adquiridos que, si bien tendremos que desbloquear del mismo modo que estos ataques, si que podremos equipar hasta un total de 8 en función de nuestro nivel.

A todos estos aspectos habrá que sumar que también podremos ir desbloqueando en los distintos personajes todas sus transformaciones para poder llevarlas a cabo durante el combate de forma directa. Todo este sistema de falso roleo hace que la profundidad o, mejor dicho, la intervención del jugador para conseguir la mejora de los personajes sea, como he dicho, un poco artificial, y más si tenemos en cuenta que todas las misiones y entrenamientos tienen un nivel recomendado determinado y, en lo que se refiere a los entrenamientos, una vez hemos alcanzado ese nivel, que, si dejamos que avance la historia, llegará, conseguir superarlos va a ser pan comido ameritando poco el jugador en un sistema puramente numérico que va a dictar cuál va a poder ser nuestro progreso en cada momento, asegurándose de esta manera el juego que no haya desequilibrios especialmente en los momentos de combate clave en la historia. Puede parece que esto es un problema, pero en un título que apuesta de principio a fin por una línea totalmente canónica, esto está desde mi punto de vista totalmente justificado y bien ejecutado.

Además del aumento de las habilidades de cada uno de los personajes, el juego nos ofrece la posibilidad de aumentar las capacidades de nuestro grupo en general mediante el “Muro de la Comunidad”. Este muro es una original forma de conseguir aumento en nuestras estadísticas, probabilidades, duración de los efectos de estado, ganancia de orbes Z, mejores precios, etc…. Cómo digo estas mejoras que llevemos a cabo en el muro de la comunidad van a tener efecto sobre todo el grupo. Su funcionamiento puede confundir un poco al principio, pero a las pocas horas ya vamos a conocer exactamente cómo se pueden conseguir mejoras a través de este muro.

En primer lugar este muro de la comunidad cuenta con siete secciones diferentes agrupadas en Guerreros Z, Cocina, Entrenamiento, Desarrollo, Dioses, Adultos y Aventura. en cada una de estas secciones tendremos un número de huecos limitados destinados, los “emblemas del alma” que son una suerte de “tazos” con la cara de todos los personajes que vamos conociendo durante el juego. Pues bien cada uno de estos “tazos” tiene una serie de estadísticas propias para cada personaje, si bien Goku tiene una alta estadística dentro de la sección de Guerreros Z, el maestro tortuga es mejor dentro del muro de adultos.

Mirar donde encaja mejor cada uno de ellos va a ser tarea del jugador, pero la cosa se complica, y aquí es donde viene lo divertido y donde demostramos cuánto sabemos de Dragon Ball Z puesto que estos emblemas del alma, tienen sinergias entre sí, potenciándose y aumentando sus estadísticas si enlazamos dentro de una misma comunidad a los personajes adecuados, por citar algunos ejemplos básicos de sinergias, Goku y Gohan se potencian. Esta sinergia no es necesariamente entre tan solo dos personajes de forma que personajes de la misma raza como los namekianos pueden aumentar su potencia aún más. 

En función del nivel que alcancemos en cada uno de los muros de la comunidad se van a ir desbloqueando nuevas mejoras, para llegar más lejos tendremos que encontrar los personajes adecuados para cada muro y cada sinergia y aumentar sus capacidades y estadísticas a través de los regalos, así como su nivel de amistad. Realmente no es una mecánica a la que le vayamos a esta prestando atención de forma reiterativa durante nuestra partida, pero sí que resulta divertido encontrar las sinergias entre personajes e intentar rentabilizar al máximo cada uno de estos muros.

En cuanto al combate Dragon Ball Z: Kakarot ha apostado más por la espectacularidad que por la jugabilidad, me explico, Kakarot no es un juego de peleas, no es Dragon Ball FighterZ. Es un RPG, y como tal ha decidido enfocar sus mecánicas dentro del sistema de combate más a las estadísticas que a nuestra habilidad con los combos. El sistema de combate es simple, realizando ataques cuerpo a cuerpo con un botón, lanzando bolas de energía con otro, otro para la esquiva y el último para cargar nuestro Ki. Repito, simple, tanto que para realizar ataques especiales solo tenemos que tener nuestra barra de Ki lo suficientemente cargada, apretar uno de los gatillos y seleccionar dentro de la paleta de superataques cual queremos utilizar

En caso de encontrarnos en un combate acompañados por otros héroes, que nunca formarán un grupo más grande de tres, podremos darles órdenes a estos para que ejecuten alguno de los dos superataques con los que cuentan como apoyo y que, después tendrán que pasar por un tiempo de refresco. Si combatimos durante el tiempo necesario en compañía activaremos un ataque especial llamado “combo Z” que realizaremos junto con nuestros compañeros y que da como resultado una arremetida tan espectacular como efectiva.

En caso de que nuestro personaje en ese momento cuente con transformaciones, podremos acceder a ellas, apretando el otro gatillo y seleccionando la que nos convenga en ese momento, si bien es cierto que estas tienen, según la transformación y el personaje penalizaciones a nuestro ki y nuestra vitalidad.

Así de sencillo es el combate en Kakarot, y de nuestro enemigos poco se puede decir, los enfrentamientos de relevancia van a ser aquellos que marcaron la serie en su momento y que nos hicieron disfrutar. Lo cierto es que el juego consigue a través de ese sistema de subida de niveles guiado que he comentado hace unas líneas, que los enfrentamientos contra Freezer, Célula y Bu vayan aumentando en intensidad y ligeramente en dificultad, sin llegar a suponer nunca un reto relevancia. Si tenemos en cuenta que, por medio de la cruceta vamos a poder acceder a objetos de curación que, en caso de pasar por algún apuro nos van a rellenar rápidamente nuestras barras de vida. 

Realmente, en este apartado se le podría echar en cara a Dragon Ball Z: Kakarot no haber apostado un poco más por mecánicas puras de juegos de lucha, la ejecución de ataques especiales es demasiado simple y se podía haber apostado por alguna pequeña combinación de botones no demasiado exigente, o por algún evento QTE como los que a veces vemos al realizar golpes que mandan a nuestros enemigos a distancia o al chocar dos ataques de energía, momento en el que tendremos que machacar el botón cuadrado para no ser absorbidos por ellos. 

Quizás sea pedirle demasiado a un título que apuesta por la espectacularidad por encima de la dificultad, y la verdad, tengo que decirlo, desde mi punto de vista han acertado, Dragon Ball cuenta con innumerables entregas de juegos de lucha con los que contentar a los fans. Este título es un homenaje a la saga, hecho para ser disfrutado y, la verdad así lo he hecho en cada uno de los combates rozando a cada segundo el ataque epiléptico por la enorme cantidad de destellos en pantalla, Dios salve al Kame Kame Ha.

En cuanto a su mundo abierto, es donde Kakarot más altibajos presenta. Sus misiones secundarias me han dejado un extraño sabor de boca. He de decir que todas ellas están magníficamente escritas y aprovechan muy bien las subtramas de la serie para presentar distintas situaciones de lo más divertidas. Sin embargo, en lo que se refiere al apartado jugable han acabado dejándome una extraña sensación de repetitividad y simpleza de mecánicas, poco profundas y menos inspiradas. Al final la resolución de todas estas misiones era recoger un determinado número de recursos más o menos ocultos en el mapa, vencer a un enemigo en combate, pescar o cazar. Creo que se podía haber hecho algo más en el aspecto jugable, si bien, como digo nada que reprochar en la escritura de las mismas.

El mundo abierto de Kakarot no es un enorme mapeado único, y ahí está el mayor problema del juego. Desde el mapa principal vamos a tener acceso a un total 24 escenarios diferentes al completar el juego, estos escenarios varían en su extensión, siendo algunos de ellos enormes, mientras que otros van a ser pequeños interiores o pequeños planetas como el de Kaito. El problema radica en que cada vez que queremos ir de un escenario a otro, tendremos que pasar por un tiempo de carga a pantalla parada mientras observamos al odiosa barra de cargado. Los tiempos de carga no son largos de por sí, y menos con el último parche que se ha introducido al juego, pero sí demasiado frecuentes en algunas ocasiones, especialmente en algunas misiones secundarias donde tendremos que ir desplazándonos entre distintas zonas de manera relativamente frecuente. Un error de diseño, que, si bien no nos va a llevar abandonar la experiencia en ningún momento, sí que supone un hastío en sesiones largas de juego.

Además de estas misiones secundarias el juego nos ofrece la posibilidad de llevar a cabo carreras de aerodeslizador y de robot bípedo, los cuales podremos construir y mejorar desde el laboratorio de Bulma y que, además de nuestra nube y el vuelo son otros útiles con los que nos podremos desplazar de forma libre por los escenarios. Contamos con algunas bases enemigas como las torres de Red Ribbon y las naves de Freezer que podremos destruir y además grupo de enemigos “masilla” que se encuentran repartidos por los escenarios y que reaprovechan los modelados de unidades como las semillas, los robots calavera o los soldados del ejércitos de Freezer para plantarnóslos por doquier. 

Realmente esta era una tarea difícil para el juego, seleccionar unidades básicas para combates esporádicos ha debido de ser uno de los temas que más se hayan discutido en CyberConnect2, Dragon Ball Z, no tiene demasiado de donde tirar en ese aspecto, y a veces la aparición de estos enemigos en según qué escenarios chirría sobremanera. Algunos de estos grupos de enemigos se denominan villanos, y son grupos más fuertes de lo normal, otorgando mayores recompensas al vencerlos y alguna sorpresa final.

Al cabo de unas horas estos enfrentamientos pueden ser un incordio, por lo que huir del combate es una opción si no hemos conseguido acabar con ellos por la vía rápida avalanzádonos hacia ellos en pleno vuelo en propulsión y finiquitando la papeleta sin necesidad de entrar en combate.

Además, contamos con numerosos puntos donde conseguir recursos como puntos de pesca, depósitos de minerales, cuevas secretas, hábitat de dinosaurios y árboles frutales. Toda esta búsqueda de recursos se realiza de forma rápida, adquiriendo muchos recursos con tan solo pasar cerca de ellos. Sin embargo, otros más preciados van a requerir de una búsqueda más exhaustiva utilizando el recurso de la búsqueda de Ki, con la que resaltaremos en colores los objetos de posible interés repartidos por los escenarios.

Además de estos recursos, los mapas de Kakarot se han llenado de orbes de colores que podremos ir recogiendo en pleno vuelo, al principio pueden echar para atrás, pensar que vamos a estar todo el tiempo recogiendo orbes como si esto fuera un Sonic, pero nada más lejos de la realidad, esos orbes son los mismos que conseguimos combatiendo o mediante las secundarias, al final no les vamos a prestar demasiada atención siendo un mero entretenimiento que nos va a amenizar los trayectos en vuelo entre los distintos puntos del escenario.

El vuelo conviene mencionarlo va a ser la manera más natural de movernos por Kakarot y de la misma forma que en juegos como Spiderman se ha mencionado lo satisfactorio del balanceo entre los edificios, una experiencia similar ofrece el vuelo en Kakarot, especialmente en los momentos en los que recurrimos a la forma propulsada de este, lo cierto es que cuesta hacerse con el manejo del mismo al comienzo, pero una vez se domina, resulta muy preciso y placentero.

Para concluir con el mundo  abierto, en las distintas ciudades y asentamientos vamos a encontrar algunos comercios donde comprar ingredientes para nuestras comidas, cebos, o recursos de fabricación. Además, por unas monedas podemos pedir que se nos revelen lugares de interés en el mapa, pero francamente, no tiene ningún sentido porque no los vas a necesitar y se van revelando de forma bastante orgánica en durante el juego. También nos encontramos con la bruja Baba que esta sí, revela la localización de algunos recuerdos de Dragon Ball y que, bajo ningún concepto deberíamos de perdernos ya que recurren a las ilustraciones del anime original y verlas de nuevo es una auténtica gozada.

Por último, podremos encontrar algunos cocineros que nos van a preparar platos o menús completos con los que subir nuestras estadísticas de forma temporal, llama la atención la enorme cantidad de recetas que el juego posee en un principio a las que se van a ir sumando más y más conforme vayamos descubriendo nuevas o progresando en el juego. Sin embargo, la poca dificultad de los combates, hace que esta mecánica de cocina y mejora sea un añadido que tiene un impacto nulo en el juego.

Dragon Ball Z: Kakarot sigue la estela que ya marcara Dragon Ball FighterZ en cuanto a su apartado visual, el estilo dibujado de la serie simplifica a priori las cosas, pero lo cierto es que la excelencia que alcanza el juego recreando en alta definición escenas concretas de la serie es digna de admiración. Algunos de los momentos icónicos del anime están recreados de forma totalmente respetuosa con las escenas originales resaltando de forma espectacular la viveza de los colores y los destellos de las magias durante el combate, siendo una auténtica delicia observar a nuestros guerreros Z transformarse una y otra vez en super guerreros rodeados de halos de luz que dotan de aún más fuerza a esos momentos que todos hemos amado.

El rendimiento técnico del juego en la versión analizada en PS4 estándar es sólido, sin problemas en la carga de texturas y con una tasa de imágenes por segundo estables en todo momento. Destaca la capacidad del juego de cambiar la distancia y escala de los objetos que vemos en los escenarios en función de la altura de nuestro vuelo y la posibilidad destruir los entornos tan propia de la serie. Surcos, polvo y piedras en el aire son una constante en nuestros combates que hacen que la inmersión en el juego se impecable.

En el apartado musical se han respetado la mayoría de los temas que nos acompañaros en el anime, sumando en ocasiones nuevas composiciones instrumentales que actualizan la obra dotándola si cabe de más espectacularidad. Como pero, o mejor dicho como sueño, hubiese estado bien que el juego llegara con doblajes al castellano, o a idiomas autonómicos que hubieran sido la guinda al pastel de la nostalgia de Dragon Ball Z: Kakarot. Sin embargo, tendremos que conformarnos con voces en inglés y japonés y textos en castellano.

En definitiva, Dragon Ball Z: Kakarot es un notable juego de aventuras que nos ayuda a despertar una vez más nuestra niñez y juventud llevándonos de manera magnífica por sus distintos actos argumentales. Con un apartado RPG muy diluido por lo artificial de sus mecánicas, se hubiera podido pedir un poco más en apartados como la personalización y actividades a realizar en sus misiones secundarias, siendo el apartado del combate uno de los puntos más discutibles resuelve la papeleta volcándose de lleno en la espectacularidad que tan grande hizo a la obra de Toriyama y, desde mi punto de vista, es ahí donde radica no solamente su magia, sino también su acierto a la hora de traernos una obra muy recomendable para todos los seguidores de Bola de Dragón.

Análisis
  • Dragon Ball Z: Kakarot
    Nostalgia ZVeredicto
    Lo bueno y lo malo
      • Lo bueno
        • Una recreación excelsa del anime
        • Un sistema de combate donde prima la espectacularidad
        • El muro de la comunidad es una forma original de gestionar al equipo
        • Misiones secundarias simples con buen trasfondo
      • Lo malo
        • Demasiados tiempos de carga entre zonas
        • El sistema de RPG y progreso artificial
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